A lo largo de la
historia de nuestro país se muestra la marcada exclusión de diferentes grupos
por razones como raza, religión, idioma, clase social, etc. Y las mujeres no se
han encontrado exentas de esta exclusión.
En las elecciones
de 1955, donde Manuel Prado fue elegido presidente, es donde se hizo presente por
primera vez el voto femenino. Pero este logro fue el producto de una larga
lucha que empezaría en los años 30 (del siglo XX) donde el tema de los derechos
de la mujer se planteó de manera más abierta.Grupos
oligárquicos se opusieron al voto femenino y al de los analfabetos; los
apristas abogaron por el voto calificado (sólo a las mujeres que trabajan); y
los socialistas defendieron el voto femenino sin restricciones haciendo
notar su preocupación por una aplicación inmediata.Los diferentes grupos políticos daban su punto de vista. Los conservadores, justificaban su oposición en el pensamiento que la política y el gobierno estarían reservado para los hombres y el hogar a la mujer, ya que son más sensibles y se dudaba de su capacidad lógica.Así aparecieron grupos de mujeres que luchaban por la incorporación del voto femenino encabezados por María Jesús Alvarado y Adela Montesinos quienes plantearon por primera vez, el derecho de las mujeres al voto universal sin restricción. Otras, como Zoila Aurora Cáceres, Elvira García luchaban por la educación general y el derecho al voto.
Fue a través de la Ley 12391
promulgada el 5 de setiembre de 1955, que se concedió el derecho de sufragio a las
mujeres mayores de 21 años que supieran leer y escribir o a las casadas mayores
de 18 años con el mismo requisito.
En las elecciones
de junio de 1956 se permitió la presencia en el Parlamento, por primera vez, de
mujeres como Irene Silva, Juana Ubillús, Manuela Billinghurst, María Gotuzzo y
Matilde Pérez Palacio. Estas mujeres pertenecían a la clase media y alta de la
sociedad peruana de la época, que se encontraba claramente segmentada.
En el Congreso de
1963 se realizó la segunda representación parlamentaria con la sola
participación de las reelegidas, María de Gotuzzo y Matilde Pérez Palacio.
Siendo en el Congreso Constituyente de 1978 el mismo número de mujeres quien
obtuvieron un lugar, Gabriela Porto de Power y Magda Benavides. A partir de
allí el número de representantes mujeres incrementó, permitiendo una mayor
democratización en la representación parlamentaria debido a su variedad social.
Actualmente, podemos ver a la
primera alcaldesa para la ciudad de Lima, elegida democráticamente, mostrándose
así un mayor protagonismo de la mujer en la escena política, social,
educacional, teniendo en cuenta que en varios países vecinos ya cuentan con una
mujer como la máxima autoridad de su país.



